SOBRE LA CATEDRAL DE BURGOS

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Ciudad de mercaderes

CIUDAD DE MERCADERES

IGLESIA DE SAN GIL

Ceñida por las murallas y posiblemente sobre la antigua ermita de San Bartolomé, se levantó la iglesia de San Gil. Su primitiva fábrica románica fue sustituida a finales del siglo XIII y comienzos de la siguiente centuria, para ser de nuevo reformada hacia 1399 por iniciativa de Pedro de Camargo y el obispo Juan de Villacreces. En el siglo XV se amplió la cabecera y en el XVI se añadieron dos nuevas capillas: la de la Natividad y la de la Cruz. Fue la iglesia preferida por los más ricos comerciantes burgaleses para tener su última morada.

Tras la Catedral

La de San Gil está considerada, después de la Catedral, como la más bella e interesante de las iglesias góticas de Burgos. Aunque de sobrio exterior, por su proximidad a la muralla, su interior guarda alguna de las muestras más destacadas del arte burgalés de los siglos XV y XVI. Con planta de tres naves, más elevada la central y un marcado crucero, su cabecera aparece formada por un profundo presbiterio escoltado por dos amplias capillas laterales, edificadas a finales del siglo XV.
Las naves del templo están cubiertas por sencillas bóvedas de crucería, con algunos tramos octopartitos, sostenidas con pilares cilíndricos reforzados por columnillas adosadas, que recuerdan los utilizados en la Catedral.

La iglesia de los mercaderes

Gracias al mecenazgo ejercido por los más ricos mercaderes burgaleses —familias de los Castro, Lerma, Soria, Maluenda, Camargo, Frías, García de Burgos y Sanvitores—, en San Gil trabajaron, sobre todo en las capillas funerarias, los principales artistas tardogóticos y renacentistas de la ciudad. Los nombres de Gil de Siloé, Juan de Vallejo, Felipe de Vigarny o Juan de Matienzo han quedado para siempre unidos a esta iglesia situada a la vera del Camino de Santiago y muy venerada por los peregrinos de origen galo.

Capilla de la Natividad

Entre los elementos más destacados del templo sobresale la capilla funeraria de la Natividad, que sigue el modelo inaugurado por la capilla del Condestable: amplia planta cuadrada, cubierta por una espectacular bóveda estrellada octogonal y calada, sostenida por trompas angulares. Iniciada hacia 1529 y atribuida a Juan de Matienzo, en su interior destaca, además de los sepulcros bajo arcosolio de los Castro, el bello retablo renacentista ejecutado por Felipe de Vigarny o por alguno de sus más destacados discípulos.
En el crucero se abren la capilla de la Cruz —que guarda la venerada y milagrosa imagen del Cristo gótico de las Santas Gotas—, y la de Nuestra Señora de la Buena Mañana, presidida por un retablo de finales del siglo XV perteneciente al círculo de Gil de Siloe. El retablo barroco de la capilla mayor deja paso a la llamada capilla de los Reyes, cubierta por bellas bóvedas de crucería estrellada, en la que se puede contemplar otro retablo tardogótico —presidido por una notable escena de la Adoración de los Magos— que parece obra del mismo Gil de Siloe.

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