SOBRE LA CATEDRAL DE BURGOS

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Paseos urbanos

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PASEO DE LA ISLA

El paseo de la Isla, un largo eje longitudinal paralelo al río Arlanzón, tiene dos tramos muy bien definidos. El comprendido entre el arco de Santa María y la plaza de Castilla, que quiso ser una prolongación urbanística del paseo del Espolón y marcó el área de privilegio ocupada por la burguesía de finales del siglo XIX, y el limitado por los puentes de Castilla y de Malatos, un jardín botánico salpicado de restos monumentales que le otorgan un melancólico aire romántico.

Para encontrar el más primitivo origen, incluso el etimológico, del parque de la Isla hay que remontarse hasta los tiempos medievales cuando los comerciantes de lanas tenían situados sus lavaderos y secaderos en las inmediaciones del puente de Malatos. El propio río Arlanzón y un cauce molinar formaban una pequeña isla cubierta de chopos que era conocida como paseo de Lavadores. En 1810 las tropas francesas de ocupación acamparon en la zona y utilizaron la arboleda como combustible. En una especie de compensación las autoridades napoleónicas dejaron trazado, en el más puro estilo del jardín francés, el embrión del actual parque de la Isla.

Auténtico jardín botánico

Sucesivas reformas y plantaciones de árboles y arbustos —las más importantes se llevaron a cabo en 1813, 1817, 1846 y 1868— configuraron el actual paseo burgalés. Si arquitectónicamente muestra un atractivo trazado en el que se combinan armoniosamente, los simétricos jardines de influencia francesa con los más informales y abiertos parterres de estilo inglés, el interés primordial del parque es su impresionante y variado contenido en especies vegetales.
En este verdadero jardín botánico están presentes algunos de los árboles más curiosos de todo el planeta. Así, desde las grandes sequoyas, pasando por los también gigantescos cedros del Atlas y del Himalaya, y sin olvidar los pinsapos y las diversas variedades de pinos y cipreses, se puede descubrir una larga serie de exóticas especies vegetales. Son dignos de mención los bosquecillos de tejos y los numerosos ejemplares de acebo que salpican el parque.

Arte al aire libre

Los grandes árboles han encontrado su acertada réplica en las obras de arte colocadas estratégicamente a lo largo del paseo. Los arcos clásicos donados por el conde de Castilfalé, una fuente renacentista procedente del monasterio de San Pedro de Arlanza, un crucero, una pila bautismal y varios capiteles románicos son algunos de los notables elementos artísticos que ayudan a recrear el aire romántico del parque.

PARQUE DEL PARRAL

El parque del Parral, en el que crecen chopos, álamos, castaños de indias, y unos grandes ejemplares de pino albar, es una posesión aneja al Hospital del Rey y ligada desde siempre al monasterio de Las Huelgas Reales de Burgos. Al igual que las citadas instituciones cistercienses, su fundación se puede remontar a finales del siglo XII, convirtiéndose así en uno de los parques arbolados más antiguos de España.

En paralelo al río Arlanzón, sobre su margen izquierda, y a medio camino entre el monasterio de Las Huelgas Reales y el Hospital del Rey se localiza El Parral. Dependiente del Hospital del Rey, que a su vez estaba bajo la jurisdicción de la abadesa de Las Huelgas, sus primeras plantaciones de árboles se pueden fechar a finales del siglo XII. En aquella época su uso y disfrute estaba reservado a los freires, freiras, limosneros, mayordomos, hospederos, porteros, enfermeros y demás personal al cuidado de los pobres y peregrinos. También se arrendaban sus pastos —costumbre que ha perdurado hasta finales del siglo XX— a los pastores de ovejas de la zona.

Fauna salvaje

En la actualidad, aunque su propiedad sigue ligada a Las Huelgas, el parque está bajo la responsabilidad del Ayuntamiento de Burgos. En su extensa y casi cercada superficie destacan las paralelas filas de añosas chopas. Aparte de su belleza, estos viejos árboles sirven de refugio y lugar de cría a un buen grupo de aves, entre las que destacan varias parejas de mochuelo y de lechuza común. También se pueden observar numerosos grupos de castaños de indias y un rodal, seguramente los ejemplares más veteranos del parque, de pino albar.

Capilla de San Amaro

En el extremo más occidental del Parral se encuentra el antiguo cementerio de peregrinos del Hospital del Rey. En su interior, una sencilla capilla del siglo XVII recuerda a san Amaro, santo francés que tras acudir a Santiago de Compostela se quedó en Burgos para atender a los peregrinos enfermos y moribundos. Era tal su celo y su piedad que salía a los caminos para buscar a los romeros debilitados y llevarlos a hombros hasta el hospital. Del interior de la capilla de San Amaro cuelgan una serie de exvotos y ofrendas en agradecimiento a las milagrosas curaciones llevadas a cabo por su intercesión.

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