SOBRE LA CATEDRAL DE BURGOS

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Piedras con historia

PIEDRAS CON HISTORIA
CASTILLO DE BURGOS

Según confirman los distintos anales medievales el castillo de Burgos fue fundado en el año 884 por el conde Diego Porcelos para afianzar la línea defensiva del Arlanzón frente a los islamitas. Con los siglos se convirtió en una imponente fortaleza, pero los numerosos asedios a los que estuvo sometida la redujeron a un montón de ruinas. Tras una acertada restauración se ha trasformado en un atractivo y didáctico enclave turístico de imprescindible visita.

Fundación de la ciudad

Según confirman los Anales Castellanos Primeros, los Anales Compostelanos y el Cronicón Burgense la ciudad y el castillo de Burgos fueron fundados por el conde Diego Rodríguez Porcelos cuando corría el año 884 y bajo el expreso mandato del rey asturiano, Alfonso III. Los Anales Castellanos Primeros señalan lacónicamente el momento histórico de la fundación de Burgos y del actual pueblo de Ubierna: “En la era DCCCCXX pobló el conde Diego Porcelos, Burgos y Ubierna por mandato del rey Alfonso”.

Viejos barrios e iglesias

Muy pronto y para protegerse de las numerosas aceifas agarenas, que durante el final del siglo IX asolaban estas tierras fronterizas, surgió el embrión de lo que, siglos después, sería un poderoso alcázar y una importante ciudad amurallada. A la sombra de la fortaleza se fue desarrollando un primitivo tejido urbano del que formaban parte barrios de los que, en su mayoría, sólo se ha conservado el nombre: Santa María la Blanca, San Andrés, Viejarrúa, San Román, Santa Coloma y San Martín.

Disputada fortaleza

Sería largo enumerar los distintos conflictos, asedios y destrucciones que padeció el castillo de Burgos en el transcurso de su prolongada historia. Tras resistir las razzias musulmanas a lo largo del siglo X, la fortaleza quedó bajo el control directo de los reyes castellanos que procedieron a su ampliación para convertirla en prisión para nobles insurgentes. Durante los siglos XIV y XV, la alcaidía estuvo en manos de distintas familias nobiliarias entre las que sobresalió la de los Stuñigas. Este período fue muy conflictivo ya que fueron frecuentes los pleitos y enfrentamientos entre la ciudad y sus habitantes y el castillo. El más largo y dramático coincidió con la Guerra de Sucesión castellana en la que los tenientes de la fortaleza apoyaron a Juana la Beltraneja, mientras que el concejo burgalés se inclinó por Isabel la Católica, que finalmente y tras ocho meses de asedio consiguió rendir el castillo, en 1476.
Convertido en polvorín y maestranza de artillería, su progresivo abandono se acentuó en los últimos decenios del siglo XVI. En 1736, un gran incendio, que duró varias jornadas ante la total indiferencia de los burgaleses, destruyó casi por completo la fortaleza.
La llegada de las tropas invasoras francesas, a comienzos del siglo XIX, supuso la reconstrucción del castillo de Burgos. Los ingenieros galos fortificaron todo el cerro aplicando las más modernas técnicas defensivas, conscientes de la importancia estratégica y militar de la ciudad del Arlanzón. Al final el ejército napoleónico, al mando del general Dubreton, se hizo fuerte dentro del recinto y resistió el asedio de los aliados —españoles, ingleses y portugueses— al mando del general Wellington. El cerco fracasó, pero unos meses, el 13 de junio de 1813, los franceses se retiraron, volando en su huida el secular castillo de Burgos.

El pozo medieval más profundo de Europa

En el patio de armas del castillo se localiza la entrada a un pozo de 62 metros de profundidad, con sus correspondientes husillos perimetrales de acceso, construido con sillares de piedra caliza. También es muy llamativo el entramado de misteriosas galerías subterráneas que se desarrolla alrededor de una de las obras de la ingeniería medieval más importantes de España.

El castillo de Burgos se alza unos 75 metros sobre el nivel de la ciudad. Tras siglos de asedios, destrucciones y después de muchos años de total abandono, a mediados del siglo XX fueron levantados los grandes cubos que le confieren su actual imagen. Unas recientes y acertadas intervenciones han conseguido sacar a la luz buena parte de los restos originales de su muralla exterior y, sobre todo, recuperar un valioso y original conjunto de elementos ocultos en el subsuelo de la fortaleza.

Ingeniería medieval

El más llamativo de todos es el pozo que se abre en el patio de armas. Considerado como una de las obras más importantes de la ingeniería medieval española, alcanza una profundidad de 62 metros, fue construido entre los siglos XII y XIV y su finalidad era la de abastecer de agua a los ocupantes del castillo, sobre todo durante los frecuentes asedios. Su estructura se compone de un cilindro central, de 1,75 metros de diámetro, rodeado de seis husillos satélites, con sendas escaleras de caracol de unos 10 metros cada una. El sentido de descenso por los husillos, que se comunican entre sí mediante pasillos anulares, es el de las agujas del reloj en los cuatro primeros y el contrario en los dos últimos, para evitar la sensación de mareo que puede suponer descender casi 300 escalones. En toda la fábrica se emplearon sillares de caliza de los páramos, en los que incluso se han localizado varios signos lapidarios dejados por los canteros de la época.

Minas y contraminas

Otro sorprendente hallazgo es el entramado de galerías subterráneas que horadan, a una profundidad de entre 6 y 10 metros, la base de la fortaleza. Su origen puede estar en las minas y contraminas que se excavaron durante los distintos asedios, las más antiguas datan del siglo XV. Interconectadas con el pozo y los husillos, también se piensa que algunas de ellas podrían constituir una vía de enlace con la ciudad.

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