SOBRE LA CATEDRAL DE BURGOS

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MIRADOR 3 / Desde la Plaza Mayor

 

Sobre todo con buen tiempo es difícil alejarse del Espolón y de sus agradables terrazas, pero merece la pena pasar por debajo de los arcos que sostienen el edificio de la Casa Consistorial y descubrir la plaza Mayor de Burgos. Aunque a primera vista parece imposible divisar la Catedral entre los porticados edificios que dan forma a su irregular perímetro simplemente con alejarse en dirección a la calle del Almirante Bonifaz descubriremos una impactante panorámica de los volúmenes del templo alzándose majestuosos sobre los tejados de la plaza.

 

El corazón de la ciudad

La plaza Mayor de Burgos luce una planta irregular que la hace única en su género. Heredera de una zona de mercados medievales al aire libre, desde siempre fracasaron los intentos por otorgarle una apariencia más acorde con su importancia como centro neurálgico ciudadano. Presidida por el neoclásico Ayuntamiento, edificado sobre una antigua puerta de la muralla, rodeada de edificios porticados y con una estatua del rey Carlos III como principal elemento decorativo, en la actualidad presume de un diseño funcional y moderno.

 

Miradores para mirar

Desde la plaza Mayor se pueden tomar varios caminos para continuar el recorrido. Si se desea reponer fuerzas, una buena opción es la estrecha calle de los Herreros con su amplia oferta de bares de pinchos; y, para continuar hacia la plaza de La Flora, lo mejor es buscar el arco de paso a la calle de Laín Calvo. Esta rectilínea rúa peatonal y todas sus aledañas lucen en sus elegantes edificios unos llamativos miradores de madera que se han convertido en la seña de identidad del urbanismo burgalés de tradición decimonónica.

 

Con permiso de la diosa Flora

A mitad de la calle de Laín Calvo, la calle Arco del Pilar permite acceder a la plaza del Huerto del Rey, popularmente conocida como plaza de La Flora. La responsable de esta disparidad de criterios es la diosa ítala de las flores y el amor, que desde mediados del siglo XVII preside, encaramada en lo alto de su fuente, este amplio y a la vez cerrado, ámbito ciudadano. En los edificios que se asoman a la plaza, vigilados al fondo por el bosque de pináculos de la Catedral, se alternan las típicas galerías decimonónicas con los blasones que recuerdan su señorial pasado.

 

San Gil de los mercaderes (ver + info)

En el extremo opuesto por el que se asoma la Catedral a La Flora tenemos que tomar, otra vez, la calle Arco del Pilar y enfilar hacia la muy cercana iglesia de San Gil. Pero antes de visitar esta joya del arte gótico burgalés, es imperdonable no detenerse en alguno de los bares que salen al paso, incluidos los de la perpendicular calle de Avellanos. En San Gil, un templo ceñido por la antigua muralla, están enterrados los más ricos mercaderes del Burgos de los siglos XV y XVI. Esta es la explicación de que su interior guarde alguna de las joyas del arte de esa época. No hay que perderse la capilla de la Natividad.

Siguiendo la ruta...

Para buscar el siguiente mirador hay que regresar a la plaza de la Flora, recorrerla a lo largo, y tomar a mano derecha la entrada a Las Llanas.

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