SOBRE LA CATEDRAL DE BURGOS

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MIRADOR 6 / Desde la iglesia de San Nicolás

 

Bajando desde el Mirador del Castillo se siguen descubriendo unas poco conocidas panorámicas de la Catedral de Burgos. Si sorprende la que se percibe desde la pequeña y remodelada plaza de Pozo Seco, con las partes altas de la basílica asomando sobre los tejados del palacio de Castilfalé, la que nos encontraremos al descender hasta la calle de Fernán González es la más icónica y conocida de todas. Desde el mirador de la plazuela de Felipe de Abajo, ubicada a los pies de la iglesia de San Nicolás, se admira en todo su esplendor la fachada Real o de Santa María. Sin duda, el conjunto arquitectónico con mayor personalidad del arte gótico español.

 

Una placita escondida

A un paso de la iglesia de San Esteban y en mitad del descenso hacia la calle de Fernán González se descubre una placita muy poco frecuentada pero que atesora una de las mejores miradas sobre la Catedral. En realidad, se trata de un ensanchamiento de la calle de Pozo Seco a la que se asoman las traseras del palacio de Castilfalé. Perfilado sobre los tejados de la actual sede del Archivo Municipal de Burgos se alza, en primer término, la calada galería gótica de la Coronería, con el ya renacentista cimborrio como lujoso telón de fondo. A la derecha del espectador surgen, elevándose hacia el cielo, las dos gemelas torres rematadas por sus inconfundibles agujas de piedra.

 

Montaña esculpida en caliza

La Catedral burgalesa tiene tanta fuerza estética que como un imán atrae las miradas de todos los visitantes. Y no por nada, ya que nos encontramos ante uno de los monumentos más famosos de todo el patrimonio artístico español. Un grandioso edificio que semeja una montaña de roca caliza esculpida con la delicadeza de los orfebres y que tiene tanta fuerza estética que es muy difícil apartar la mirada de su cuidado juego de volúmenes. Cumbre del arte gótico europeo y Patrimonio de la Humanidad es la única catedral del mundo —como se puede comprobar desde la plazuela de Felipe de Abajo— edificada sobre una empinada ladera.

 

El retablo más famoso

Hay que entrar en la iglesia de San Nicolás para admirar el retablo más famoso, por lo menos de los esculpidos en piedra, de Burgos. A comienzos del siglo XVI, Simón de Colonia y, sobre todo, su hijo Francisco de Colonia fueron capaces de labrar en la caliza de Hontoria un asombroso milagro escultórico. Encargado por un enriquecido comerciante, tiene forma rectangular y se articula a modo de un gran tríptico. De estilo gótico tardío, en su origen presentaba una llamativa policromía de la que aún quedan restos.

 

Castellanos, judíos y mudéjares

El tramo final de la calle de Fernán González, por la que discurre el Camino de Santiago, rezuma historia por sus cuatro costados. Conocida en la Edad Media como ‘cal Tenebregosa’ es una especie de vía de homenaje, con sus respectivos monumentos conmemorativos, a tres famosos héroes castellanos: Fernán González, El Cid y El Empecinado. Pero también bajo su actual pavimento se guarda la memoria de la que fue la más importante judería del norte de Castilla. Y justo en su final se alza el arco de San Martín, construido por alarifes mudéjares en el siglo XIV. Burgos también puede presumir de haber sido una ciudad de las tres culturas.

Siguiendo la ruta...

Hay que bajar las escaleras de la plaza de Santa María y a la derecha y por la calle de Santa Águeda enlazar con Nuño Rasura, La Asunción y Martínez del Campo. Desde esta última se alcanza el paseo de la Audiencia que, también hacia la derecha, nos conducirá al peatonal puente de Bessón.

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